
Musicoterapia hospitalaria
La musicoterapia hospitalaria utiliza la música como herramienta para acompañar a pacientes durante su estancia en el hospital. A través de sesiones adaptadas a cada persona, la música ayuda a aliviar la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y favorecer la expresión emocional, incluso en situaciones difíciles o estresantes.
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La musicoterapia hospitalaria está dirigida a niños, adolescentes y adultos, adaptando la metodología a las necesidades de cada edad y situación clínica. Además de apoyar emocionalmente a los pacientes, también ofrece beneficios para familiares y personal sanitario, generando un ambiente más cálido y humanizado.
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HUMANIZACIÓN DE ENTERNOS HOSPITALARIOS
Las sesiones de musicoterapia se realizan principalmente de forma individual, adaptándose a las necesidades de cada paciente. Cuando las circunstancias lo permiten, también se pueden organizar sesiones grupales, fomentando la interacción entre los participantes.
Además, es posible involucrar a las familias y al personal hospitalario, invitándolos a participar activamente en el proceso creativo-musical y creando un espacio de acompañamiento y conexión compartida.

Principales beneficios
Reducción del estrés y la ansiedad
Apoyo emocional en procesos traumáticos
Mejora el estado de ánimo y la motivación
Mejora de la cohesión familiar
Estimulación cognitiva y sensorial
Fomento de la comunicación y la interacción
Cómo trabajamos
Durante las sesiones trabajaremos tanto instrumentos musicales como la voz, el movimiento (cuando sea posible) y la improvisación, fomentando la participación activa del paciente y ofreciendo un espacio seguro para la comunicación y la conexión con familiares, los cuales podrán ser también participes si la situación lo requiere, posibilitando la creación de bonitos recuerdos (indicado en casos de pacientes en paliativos)
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La duración y frecuencia de las sesiones de musicoterapia se adaptan a las necesidades de cada paciente. Las primeras sesiones de toma de contacto suelen ser breves, de unos 15 minutos, e incrementarse progresivamente hasta una hora o más según la evolución y las necesidades terapéuticas. La frecuencia habitual es de una sesión por semana, aunque puede aumentarse hasta cinco sesiones semanales en función del estado clínico, siendo especialmente recomendable en cuidados paliativos.
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El seguimiento se realiza de forma continua mediante evaluación cualitativa y cuantitativa. Se utilizan escalas de ansiedad y bienestar pre y post sesión (Escalas EVA, FPS-R), se registran las respuestas emocionales y conductuales del paciente, y se recoge el feedback de familias y pacientes sobre su experiencia. Además, el equipo clínico aporta su valoración interdisciplinaria, observando la evolución emocional, la colaboración durante procedimientos y la respuesta al tratamiento, asegurando que la intervención musical se integre de manera efectiva en el cuidado global del paciente.
“La música puede sacarnos de la depresión o emocionarnos hasta las lágrimas… puede brindar acceso, incluso cuando ningún medicamento lo logra, al movimiento, al habla, a la vida.”
Oliver Sacks


